Tirria
Jamás he sido un romántico. Nunca me compré algo de Perales, ni de cualquier otro cantante que suene parecido. Letras de amor y esperanza, como que no me van mucho. Al contrario; el desamor y la desesperanza me cunden a forro. Pero como todos, tengo un "bobo" que a veces tropieza y se descalabra sobre melodías frutadas, solfeos y estribillos sin fin.
Una cadena de eventos, deben confluir a la vez, para que me quede escuchando un tema completo y de esas características. Puede ser que esté abstraído pensando en alguna pelotudez de dimensiones cósmicas, o puede que me encuentre recordando amores disueltos, tardíos o fácticos, intentando -en vano- darles un matiz diferente.
Sólo así, semi inconsciente y sensorialmente abatido, puede sonar la canción, de principio a fin. Cuando no es detectada a tiempo, puede instalarse en mi habitación; ya sea que provenga de la tele prendida, la radio u otra fuente, y sonar tranquila, sin miedo a ser cortada bruscamente.
Por lo general, salgo del trance, cuando por ahí se quiere inmiscuir algún impresentable como Arjona o Mijares. Puede que hasta Montaner, De Vita o Chayanne, se me hayan colado subrepticiamente.
Si alguien me odia y quiere hacerme mucho daño, podría obligarme a escuchar algunas de esas radios que pasan todo el día la llamada “música para secretarias”. Y eso que yo he crecido escuchando a Emmanuel, Cristal, José José, y cuanto hay, pues tengo una hermana que adora ese tipo de música. Pero por alguna razón, nunca me gustó.
Aunque debe haber un par de temitas que forman parte de mi banda sonora y responden a ese formato romanticón que poco o nada me engancha. Más por algún episodio asociado que por la canción en sí.
Mi primer beso, mi primer amor de niño…quién sabe.


